Pika Pika, onomatopeya japonesa para referirse a luces brillantes, es el nombre de un colectivo artístico nipón dedicado a la animación. Japoneses y animación, hasta aquí, nada raro. Pero PIKA PIKA no trabaja con lápices, tinta y ordenadores. Pika Pika trabajan con luz. En la línea de las pinturas en el aire que realizó Picasso, estos artistas animan figuras lumínicas.
La animación, junto a la fotografía o la publicidad, es otra de esas técnicas que, hoy por hoy, creo que pueden aportar algo interesante al mundo del arte. Sin embargo, en este caso, a pesar de lo llamativo del trabajo, vemos que todo está ya inventado, y repetimos esa máxima de que, en el arte, Picasso es el siglo XX y el siglo XX es Picasso. Y parece que aún el XXI. No me malinterpreten, el arte no tiene que ser siempre nuevo. Pero es que, a veces, uno se cansa de ver urinarios de Duchamp por todas partes.
Junto a lo dicho, no podemos dejar de recordar la propia influencia del teatro tradicional japonés, especialmente el de marionetas, el bunraku, donde una suerte de ninjas, los nigyotsukai o manipuladores de marionetas, confundidos con el fondo gracias a sus negras vestimentas, interactuan con el escenario y los muñecos, contribuyendo a crear, precisamente, interesantes efectos de animación y dinamismo. De esa tradición beben también los PIKA PIKA. Y es que, una vez más, Japón une tradición y modernidad, occidente y oriente.
