Pika Pika, onomatopeya japonesa para referirse a luces brillantes, es el nombre de un colectivo artístico nipón dedicado a la animación. Japoneses y animación, hasta aquí, nada raro. Pero PIKA PIKA no trabaja con lápices, tinta y ordenadores. Pika Pika trabajan con luz. En la línea de las pinturas en el aire que realizó Picasso, estos artistas animan figuras lumínicas.
La animación, junto a la fotografía o la publicidad, es otra de esas técnicas que, hoy por hoy, creo que pueden aportar algo interesante al mundo del arte. Sin embargo, en este caso, a pesar de lo llamativo del trabajo, vemos que todo está ya inventado, y repetimos esa máxima de que, en el arte, Picasso es el siglo XX y el siglo XX es Picasso. Y parece que aún el XXI. No me malinterpreten, el arte no tiene que ser siempre nuevo. Pero es que, a veces, uno se cansa de ver urinarios de Duchamp por todas partes.
Junto a lo dicho, no podemos dejar de recordar la propia influencia del teatro tradicional japonés, especialmente el de marionetas, el bunraku, donde una suerte de ninjas, los nigyotsukai o manipuladores de marionetas, confundidos con el fondo gracias a sus negras vestimentas, interactuan con el escenario y los muñecos, contribuyendo a crear, precisamente, interesantes efectos de animación y dinamismo. De esa tradición beben también los PIKA PIKA. Y es que, una vez más, Japón une tradición y modernidad, occidente y oriente.

- Campaña de la nueva sección de vinilos de FNAC España:

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Una de las obras de Mark Wallinger ha llamado poderosamente la atención a la prensa, al ser un alegato contra la Guerra de Irak. Se trata de una instalación con carteles y objetos relacionados con diversos actos de protesta y manifestaciones. Las instalaciones con contenido antibelicista creo que están demasiado
De Nathan Colley, fotógrafo y escultor, destacan sus arquitecturas de "camuflaje", como la que realizó en Santiago de Compostela. La gente califica sus pequeñas arquitecturas de "graciosas". Para mí, algo no es una obra de arte sólo porque es gracioso. Veo sus obras carentes de expresión, de comunicación. Sus instalaciones con rótulos luminosos no están mal, pero un slogan ocurrente, una frase llamativa, tampoco es algo que me llame demasiado la atención en el contexto artístico actual.
Mike Nelson es conocido también por sus instalaciones, como una en la que reproduce un cuarto oscuro para revelado de fotografías. Esta especie de hiper-realismo escultórico, ya practicado por algunos de los YBA (Toung British Artists) que apadrina la propia Tate, no termina de convencerme. No le veo ningún tipo de conexión con el público. Sus instalaciones más conceptuales adolecen del mismo problema.
Zarina Bhimji recoge en sus fotografías paisajes urbanos llenos de melancolía y desolación. A mí personalmente su trabajo es el que más me agrada de los cuatro seleccionados. Sería interesante que la fotografía se hiciera con este premio tras algunas ediciones en las que han destacado alteraciones de las técnicas tradicionales (tales como pinturas con excrementos de elefante, alfarería contemporánea con decoración pedófila y cosas así...). Y sería interesante porque creo que Zarina posee una interesante capacidad para captar con su cámara lo que quiere transmitir, algo que no consiguen hoy muchos artistas con técnicas más conceptuales. No digo que sus fotografías sean simplistas, pero la elección de los motivos, los encuadres, no carentes de inteligencia, convierten su obra en un discurso más directo, más propicio para hacer reflexionar al espectador. Y eso, ahora, me gusta.