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La Coctelera

Categoría: Arquitectura

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El sr. Toyama y el atrio de la catedral de Valladolid

Ya está bien. Estoy hasta los mismísimos. El alcalde de Valladolid está empeñado en tirar el atrio de la catedral. Ahora dice que esperará a que cambien los responsables de patrimonio (pertenecientes a su propio partido, creo recordar) para volver a solicitar el derribo, que hasta ahora y con excelente criterio se le ha denegado. Se le ha metido en la cabeza y parece no querer parar hasta que lo consiga.
Les pongo en antecedentes: resulta que el señor alcalde ha emprendido la reforma del entorno de la catedral, pretendiendo recuperar el aspecto de ésta tal y como la concibió el arquitecto Juan de Herrera. Para ello pretende deshacerse del atrio, obra del siglo XVIII, que para él es un horror, un crimen contra el buen gusto y no es de Juan de Herrera. No recuerdo exactamente las palabras que empleó, pero en definitiva decía que si Juan de Herrera levantara la cabeza, quedaría horrorizado. Se quiere además recuperar unas escaleras que el arquitecto de Felipe II dibujó en los planos originales.
Bien, vayamos por partes. La construcción de la catedral es una larga historia. Originada en la tercera colegiata de la ciudad, en 1580 sólo tenía 12 metros de altura. Es en estas fechas (entre 1580 y 1582) cuando se encarga a Juan de Herrera, famoso por sus obras de patrocinio real, especialmente El Escorial, un nuevo proyecto. En 1595 Valladolid es por fin sede episcopal y la proyectada colegiata se transforma en catedral. Las obras se alargan en el tiempo, abriéndose al culto en la segunda mitad del siglo XVII, cuando se cerró la cabecera como puede verse en la actualidad. Ni que decir tiene que de Juan de Herrera sólo es el diseño original. En el siglo XVIII se completan por parte de los Churriguera las obras de la fachada, y posteriormente la torre, en muy mal estado, se ve afectada por el terremoto de Lisboa de 1755, derribándose y construyéndose, en el siglo XIX, una nueva en el lugar en que podemos observarla hoy. Sobre esa torre se colocó una escultura en 1923. Diversas obras se realizaron en los años 20, 40 y 60, hasta llegar al aspecto actual.
Dicho esto, llegamos a la conclusión de que el alcalde no tiene ni idea de la historia de la catedral. Si realmente quisiera devolver el edificio al estado original, debería comenzar por derribar la torre, la fachada, la puerta de los años 40, la tribuna del órgano, la zona del museo catedralicio, y tantas cosas más.
Bajo un velo supuestamente historicista, se esconde una operación urbanística que carece de todo sentido. El atrio de la catedral necesita una intervención: consolidación y restauración, no destrucción. Y si el alcalde, con esos aires de Felipe II, quiere recuperar el proyecto de Herrera, debería reducir a escombros el templo. Eso es, convertirlo en un solar. Sólo así podríamos por fin ver la catedral como la vió Juan de Herrera por primera vez.
Otro día les hablaré de los crímenes contra el patrimonio en esta ciudad. Crímenes cuya lista esperemos no engrose el derribo del atrio de la catedral.

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El sr. Toyama y la arquitectura: Richard Buckminster Fuller

Respondiendo a la petición de mi amigo Tao Malo, me acerco en estas líneas a la obra del arquitecto norteamericano Richard Buckminster Fuller (1895-1983).
Este arquitecto visionario, figura clave del diseño industrial contemporáneo, se preocupó también por el campo de la filosofía, en una suerte de "neo humanismo renacentista". Al borde del suicidio, Fuller decidió que su vida no le pertenecía a él, sino al Universo, y decidió dedicarse a investigar lo que el individuo puede hacer en beneficio de la humanidad.
Fuller se preocupó por las aplicaciones útiles de la tecnología, como en la fabricación en serie de sus "casas Dymaxion", basadas en la utilización al máximo de cada material. La aplicación racional de la tecnología, permitiría según el autor, erradicar los problemas de la sociedad, tales como la pobreza. llegó incluso a diseñar un automóvil, que no encontró aceptación en la industria.
La mayor parte de sus trabajos arquitectónicos se basan en la aplicación de la "cúpula geodésica". recurso que permitía cubrir grandes superficies a muy bajo coste, llegando a proyectar la cubrición de ciudades enteras. El método constructivo no es nada sencillo y se basa en las formas geométricas denominadas " sólido platónico", tales como el icosaedro, lo que proporciona a la estructura una gran estabilidad y ligereza. Un ejemplo muy conocido de aplicación de esta estructura es el "Pabellón de EE.UU." en Montreal, Canadá, con motivo de la EXPO de 1967.
También realizó experimentos con esferas, llegando a proyectar estructuras alrededor de la Tierra que, conectadas, permitirían viajar, incluso, por encima de los océanos.
Una curiosidad, existe una molécula formada por átomos de carbono que lleva su nombre por el parecido con las cúpulas de Fuller: los fulerenos.
En 1983 se fundó un instituto que lleva su nombre. Por cierto, interesante el enlace al material audiovisual de la universidad de Stanford, y la galería de imágenes de la fundación.