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La Coctelera

Categoría: Teoría del arte

El sr. Toyama y "mi obra de arte favorita"

Ha sido larga la ausencia pero ahora DEBO volver. Paseando por "La Coctelera" he visto que el "Tema de la semana" es "¿Cuál es tu obra de arte favorita?".
Y claro, no podía dejar de, primero, dar mi punto de vista sobre el asunto, y, segundo, exponer cual es esa obra de arte que se ha colocado en el primer puesto en mi ranking particular.

El concepto de "obra favorita":
¿Podemos tener una obra de arte favorita? Por supuesto que sí, una nos gustará más que otra. Pero creo que se debe plantear una pregunta: ¿para qué sirve el arte? Es decir, si hablamos de "favorita" parece que la única función del arte es deleitar, hacer que experimentemos placer estético, y esto no siempre ha sido así. Por ello propongo que a la hora de elegir esa obra de arte que es la mejor para nosotros, tengamos en cuenta cuestiones más complejas que el simple gusto. A no ser, claro, que estemos eligiendo entre determinadas vanguardias, aquellas donde la estética, prima.
Sólo pretendo señalar que el me gusta/no me gusta, es un criterio de ayer por la mañana. No imaginen a Carlos V diciéndole a los Leoni o a Tiziano, "me encanta este retrato, ¡qué bonito!". De eso nada. Las obras tenían una función, servían para algo, y eso es lo que se valora. Al menos en el pasado. Otra cosa muy diferente será lo que ocurra a partir del siglo XX.
Cuando yo elijo mis obras favoritas, siempre lo hago siguiendo estos criterios: qué representa para la historia esa obra, qué significó en su momento, si cumple lo que en aquel momento se entendía por Arte, su técnica, y sólo en un último momento pienso en la parte subjetiva: si me cautiva o no.
Así, mi obra favorita puede ser "La fuente" de Marcel Duchamp, obra que dudo cualquiera de nosotros pueda encontrar bella, y sin embargo, escultura capital para entender el arte del siglo XX. Por eso me gusta.

Mi obra favorita:
Ahora sí. Veamos cual es una de mis obras favoritas. Digo una porque claro, después de más de 2.000 años de producciones artísticas, se hace difícil elegir sólo una. Así que en mi lista hay varias, valoradas todas por igual. Pero claro, hay que elegir. Y yo, al menos hoy, me quedo con "Las Meninas". Y claro, lo interesante de estos ejercicios siempre es señalar el por qué.
Diego Velázquez es un pintor excelente. Realismo y tenebrismo, las dos grandes características de la pintura barroca, se dan cita en su lienzo junto con un domino de la perspectiva aprendido en sus viajes a Italia, inexistente en las obras anteriores. La teatralidad es otra de las grandes características del Barroco, y eso no le falta a la pintura del sevillano. Al mismo tiempo, la obra refleja el ambiente de la corte española del XVII, donde el arte se empleó como un medio de propaganda más que efectivo. Pero al mismo tiempo, el autor deja su propia impronta en la obra, más allá de convencionalismos propios de la época que le toca vivir: su forma de pintar, a base de manchas, su tratamiento del color, su pincelada... Junto con un misterio aún hoy no aclarado: ¿qué significa realmente el cuadro? Esto último bien merece un artículo independiente, pero digamos algo, antes de terminar: "Las Meninas" es la exaltación del arte de la pintura. Como dijo Luca Giordano a Carlos II al ver el cuadro, es "la teología de la pintura".

El sr. Toyama y la pintura de Pollock

Hace tiempo que prometí tratar de este asunto. Y lo prometido es deuda. Y un hombre se debe a su palabra y a su honor. Así que aquí estoy. Cumpliendo.

Partimos de la base que entender a Pollock, es difícil. No quiero que tras estas líneas, queridos lectores, os conviráis en fervientes adoradores del pintor norteamericano. Simplemente quiero que entiendan su arte. Después, si ha alguno le gusta, bien. Si no, también. Lo que si podrán decir es: lo entiendo.

Pollock (nacido en 1912), practicó el Expresionismo Abstracto. Hay que empezar por aquí: el expresionismo, tanto en Francia como en Alemania, lugares donde surge hacia 1905, abandona la mímesis de la realidad, y poco a poco la figuración, para centrarse en la expresión a través de las formas y los colores. El arte ya no debe copiar nada, sino expresar, comunicar, mediante un lenguaje nuevo, que valora la pintura, como materia, en sí misma. Grandes masas de color, juegos de colores y líneas, pintura muy empastada, comienzan a caracterizar estas obras. Cuando pierde todo contacto con lo figurativo, se acerca a la abstracción, y así hablamos de expresionismo abstracto, frente al figurativo que puede estar encarnado, por ejemplo, por Munch y su El Grito.

La pintura expresionista, sobre todo la abstracta, abandonará progresivamente los títulos, en busca de la ruptura total con la realidad, con lo tangible. La vanguardia busca nuevos lenguajes, nuevas formas de expresión, ver la vida como nunca se ha visto, desde una óptica nueva. De ahí que romper con la mímesis sea importante. Los títulos se convierten en sugerentes poemas (Miró, surrealista no figurativo es un ejemplo de esto) o en simples palabras como "composición" o "sin título". Y es que, cómo iba a seguir copiando la realidad la pintura, si eso ya lo hacía la fotografía. Lo que a esta, en principio le faltaba, era el color. Y ese fue el camino que tomaron muchas vanguardias.
El expresionismo abstracto se relaciona con la "pintura de acción" o action painting, donde el gesto es muy importante. El gesto del autor, me refiero, la interacción con la pintura, (en cuanto a materia). Pollock usó diferentes técnicas en este sentido, desde el dripping, o goteo de la pintura sobre la superficie pictórica, hasta el lanzamiento de pigmento.
Ests técnicas deben transmitir al espectador algo, un sentimiento, un estado de ánimo, sugerir algo. El artista se encuentra en un estado de ánimo determinado, quiere decir algo, cuando comienza a pintar. Viendo su obra, el espectador debería recibir su mensaje.
Pollock recibió influencias de Miró, por ejemplo. Sus técnicas adelantan muchos rasgos de la obra de Pollock, solo que en un sentido surrealista en el caso del español. Picasso también fue admirado y odiado por Pollock. El malagueño realizó unas pinturas en el espacio a base de juegos lumínicos, en la línea de la pintura gestual de Pollock. Cuentan que una vez Pollock lanzó al fuego un libro sobre Picasso al ver que, lo que el pretendía hacer como novedad, lo había superado el español. Mientras se deshacía del libro, se acordó de Picasso y probablemente de toda su familia: "a este tipo no se le escapa ni una".

Dejadme comentarios y si queréis podemos seguir dialogando.

El sr. Toyama y el arte contemporáneo: entre el "no entiendo nada" y el "me encanta como expresa la intangibilidad de la vida"

Bueno, a raíz de mi artículo sobre las subastas (al cual tal vez dote de continuidad cada mes o así, para ver las evoluciones del mercado del arte) ha surgido la idea de este texto sobre el arte contemporáneo. Advertencia: muchas de las anécdotas aquí recogidas forman parte de mi experiencia vital. Todo parecido con la realidad es... auténtico.

Cuando nos colocamos ante el arte contemporáneo más actual solemos encontrar dos posturas muy diferenciadas, enfrentadas, y en ocasiones muy radicales. La postura del que no entiende nada, y la de aquel que ve cosas que ni el autor es capaz de vislumbrar. Digo que en ocasiones son muy radicales, porque hay quien se cierra en banda a la posibilidad de entender algo; y quien a cualquier cosa realizada por el hombre lo llama arte. Permítanme hacer un comentario acerca de cada una de estas posturas.

"No entiendo nada"
Es lógico que ante una obra del tipo de las de Duchamp, Manzoni, Pollock, y tantos otros, un espectador acostumbrado a un tipo de arte más, llamémoslo, tradicional, se encontrará un tanto perdido. El acercamiento a todo tipo de arte requiere entrenamiento, tanto visual como teórico, para lograr una experiencia visual plena. Al ojo, hay que entrenarlo, hay que acostumbrarse a mirar. Pero al mismo tiempo hay que conocer en qué época, bajo qué circunstancias, se gestó la obra. Sólo así podremos comprenderla. Es necesario, por tanto, un conocimiento del trasfondo. Otra cosa es que, después, digamos: no me gusta. No a todo el mundo le emocionan igual las mismas obras maestras en el campo de la música, la literatura, el cine...
Lo que es necesario además, es darse cuenta de que a veces, no hay nada que entender. Me explico: ante un Miró titulado, por ejemplo "el pájaro que vuela en el bosque ante la luna reflejada en el lago misterioso" (título ficticio), el espectador tradicional tiende a buscar el pájaro, la luna, el lago... Y lo peor de todo, a veces llega a encontrarlos. Si no lo hace, se siente intranquilo, incómodo, acostumbrado al arte tradicional. Lo que nos hace olvidar que en muchas obras contemporáneas, el título es una mera excusa para dejarnos llevar, un elemento que nada tiene que ver con lo representado en la obra, que muchas veces no son más que ideas o sentimientos. Y eso es lo que hay que hacer ante una obra de esas características: sentir. ¿Acaso buscamos algo concreto escuchando una partitura musical? Pues la actitud ante las artes debe ser la misma: sentir. Repito, luego pueden decir: no me gusta. Pero al menos el acercamiento a la obra habrá sido el correcto.

"Me me encanta como expresa la intangibilidad de la vida"
Esta postura es muy peligrosa. Bajo el aparente conocedor se esconde un disidente de la primera postura que, por miedo a quedar como un ignorante (eso piensa él), decide comportarse como un imbécil. Esta actitud me recuerda al cuento ese de "El traje nuevo del emperador". Les cuento algunos ejemplos y así veremos más claramente lo que les quiero decir:
SITUACIÓN A: Exposición de arte contemporáneo. Cuadro enorme al fondo de la sala, líneas y colores. Persona que dice: "'¡Bah! Eso lo hace mi hijo". Persona que se acerca y lee la cartela: "Pablo Picasso". Cambio de actitud: "¡Hombre pero si es un Picasso! Magnífico, simplemente magnífico". Disculpe, pero ¿no decía que era una basura?...
SITUACIÓN B: Exposición de arte contemporáneo. Escultura enorme. Amasijo de metal. Persona que dice: "El movimiento del metal se relaciona con la fugacidad de la felicidad, que nos atrapa en un juego cruel del destino". Pienso... o es un crítico (de esos no profesionales, tan abundantes en este país, que maneja con cierta soltura el castellano), o un snob. Aunque casi siempre estas cosas van unidas.
SITUACIÓN C: Salón de una casa acomodada. Persona que dice: "Mirad, he comprado un Smithson, baratísimo, se revalorizará en un par de meses. Una obra maestra sin duda". Pregunto, ¿de la primera o de la segunda etapa? Respuesta: ... no se, es un óleo.
SITUACIÓN D: Museo de arte contemporáneo. Persona que dice: "el juego de colores de esta obra recuerda a Mondrian". La agarro por el brazo y trato de huir antes de que alguien se de cuenta que estaba comentando la decoración de un cuadro eléctrico. Un instante después, los guardias la levantaron de una escultura que ella creía ser un banco para descansar.
SITUACIÓN E: Café. Tertulia en grupo. Persona que dice: "¿Habéis visto la última exposición de Topinsky? Me encantan sus acuarelas". Digo, perdona, es escultor. Respuesta: "sí, ese también me encanta".

Podría continuar hasta el infinito. De hecho algún día dedicaré una serie a recoger estas anécdotas.

El problema es el pensar que todo es arte, primero, y que todo el arte es bueno, segundo. Puede que cualquier realización material, usando una técnica determinada, y que exprese alguna idea o sentimiento, pueda ser considerada arte. De acuerdo. Pero no todo es de primer orden. Y no hace falta quedarse en el siglo XX o XXI. ¿Alguien se atreve a comparar al maestro de la leyenda de san José con Leonardo Da VInci? Y sin embargo nadie pone en duda que son dos pintores. Por otro lado: no todo lo que hizo Picasso es bueno, y nadie duda de que es un genio.
Dado el desconocimiento hacia el arte actual, se ha terminado por adoptar una postura errónea, la de dar valor a cualquier cosa, un valor desmesurado que a lo mejor no tiene. Un valor que, más allá de sustentarse en el conocimiento y disfrute de la obra, se sustenta en una actitud social, carente de cualquier contenido estético.

Espero comentarios que permitan continuar esta reflexión. Por el momento, creo que es suficiente.